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#EspectrodeLetras presenta: “El Pedido”

Published On 13 noviembre, 2015 | By Renderer | Blogs, Espectro de Letras, Slide

Por: Kevin Blanco

Smií, yo la maté. No me arrepiento, lo merecía. Ojalá hubieras visto lo que yo vi, sentido lo que yo sentí…ojalá la hubieras apuñalado como yo la apuñalé. No soy un loco, sé que asesinar está mal bajo la moral social pero cuando el pedido llega, debe de cumplirse. Sí, el pedido. No importa si son chilaquiles con limón, pozole con arroz o leche con picante, el cliente debe de recibir lo que pide, tal y como lo pide. La traición es un negocio caro, fatal desde su concepción, un juicio que desde antes que empiece ya se ha perdido y  la condena de una vida de desazones y tormentos mentales. Yo la salvé de eso. La salvé y me salvé.

Café para la mesa doce. De haber sabido que el día estaría nublado hubiera prendido la cafetera desde que abrí. Unas enchiladas en salsa roja sin cebolla para la mesa uno. Martín no se ha acoplado, Julieta es muy torpe, Korina es detestable, Damián es un inútil y Flor tarda mucho en los pedidos. Y yo debo de acarrear con la reprobable actitud de todos. Jugo de naranja y una hamburguesa con papas fritas pero sin sal para la mesa seis. Lo he logrado, no por coincidencia sino por méritos propios. He aprendido que ante mis ojos los demás no son más que anhelos sin cumplir, siempre hay una “orden” deseosa de algún ente cumplidor para poder llevarla a cabo.

Para mí son todas lo mismo. La conexión es tangible e inevitable entre todas y si lo piensas bien, el proceso de la vida no es más que el cambio de emociones ante la misma. La angustia al nacer, la feliz infancia, la odiada adolescencia, la pasional juventud, la resignada madurez y la melancólica vejez. Así transcurren como el viento las emociones, se esfuman de un lado para transportarse al otro. Sí, tal vez la amé, pero el amor no es una emoción. Es un instante de júbilo, orgasmo efímero, la plenitud huidiza, una estrella fugaz. Yo sentí ese impulso momentáneo y debía hacer algo.

Los tonos de voz me lo dicen todo. Arrachera con cebolla extra pero sin chile para la mesa siete, el de la doce quiere más café y la en la seis las papas si tenían sal y quieren otras. La siete tranquila pero con hambre de unas dos horas de gestación, el doce reflexivo y solitario viene sólo a pasar el rato y  la seis sobreprotectora, furiosa porque cree que un poco de sal matará a su hijo. En esos estados de ánimo se encuentran respectivamente. La clave del buen servicio está en el mínimo contacto, lo esencial. Pedido-traer orden, pedido- traer orden. Así se puede pasar uno siete años y llegar tan lejos como se lo proponga en este negocio. Sin dejar de lado la inmutabilidad del rostro, la indiferencia le cierra el paso a las quejas y te encamina a la eficacia máxima. Café, Arrachera cebolla extra y sin chile, doble ración de papas sin sal, listo.

No, no tengo familia. Vivo solo en una calle cercana al centro de la ciudad. No, no tengo problemas de dinero, realmente vivo con lo esencial porque así lo quiero. Mi vida transcurre en el trabajo, servir es lo que yo hago. Ser eficaz y práctico es lo único que al ser humano le ha funcionado para llegar a donde está, y es lo único que a mí me importa. El paso del tiempo, los terremotos y la ingratitud de un cliente no pueden evitarse, por eso lo prudente es agachar la cabeza y seguir adelante.

Satisfechos, dejan sus pedacitos de metal sobre la rectangular madera. He aprendido a no voltear y contar la lástima que dejan ahí las personas. Simplemente lo tomo y lo meto a mi bolsa. Dos molletes con salsa verde, un kilo de barbacoa, dos tacos dorados, media jarra de horchata y una quesadilla de queso en tortilla de harina para la una y dos. Así es el negocio, debes ser un fantasma complaciente, una sombra que sacia las ambiciones ajenas, más nunca las propias. Así como el hada madrina en los cuentos de hadas. Dos refrescos y tres sopes para la doce y una carta para la siete. Realmente ellas son las heroínas que permiten cumplir a los desgraciados sus deseos, pero en el vivieron felices para siempre, no se menciona si aquella dichosa aseveración también abarca al hada madrina. Seguramente no, porque la doncella no tiene nada que el hada madrina pueda querer y las mesas con voz, no tienen nada que a mí me pueda interesar. Tomar la orden de la mesa siete.

He sido siempre respetado por los que me rodean. Mi jefe me ascendió a gerente de sucursal en menos de un año. Él mismo dijo que fue un récord, ya que nadie lo había logrado en tan poco tiempo. Podré no agradarle a mis subalternos pero todos saben que en cuanto hay algún problema acuden a mí con la misma rapidez con la que un hambriento leopardo devora un antílope. Estoy acostumbrado al reconocimiento tácito, el verdaderamente importante. No los diplomas o los empleado del mes, esos sólo generan un excedente de pedacitos de metal que al fin y al cabo algún día de suerte puedes encontrarte en la calle. No, el silencio admirativo, la mirada trémula y esquiva, las manos entrelazadas gritando desesperadamente por ser salvadas y el tono envidioso, desafiante pero doblegado del “sí, señor”, eso es el verdadero reconocimiento.

Café con leche en 15 gramos. ¿Gramos? Un pay de limón con dos y un cuarto de galletas. ¿Dos y un cuarto? Me tomó la mano. Las miradas colisionaron. Choque de ejércitos de ideas, vivencias y mundos. Roce de poros, vellos, líneas y fricciones. Contracción y expansión de seres, huracán de enigmas y tornados de soluciones. ¿Y no seas malo, puedes apurarte por favor? Es que llevo prisa, sonríe, suelta mi mano. Impávido durante segundos que en mi mundo son eternidades, intenté meditar la acción ocurrida. Debo poder decirle la orden al cocinero, no puedo, ¿cuál es la orden? Café y un cuarto de limón…galletas con leche…blanco, en blanco. Necesito un pequeño receso, salir a fumar, algo que en siete años no he hecho.

No pude quedarme así. Uno vive con la filosofía que más le acomoda y la acopla al mundo y las circunstancias que lo rodean. Pero nunca me había pasado esto. Es un territorio ajeno, un plano que yo no conocía o había visto. La sombra cumplidora de deseos se convierte en una figura con forma delimitada, expuesta ante un par de ojos que parecen no ignorar nada, visible al tacto de la fuerza demandante. La impotencia del cambio irreductible, lo abyecto de mi condición, lo vulnerable que me sentía…Era insoportable. Ahora era reconocido, un rayo más en un mundo de luces.

Frustrado, escupido por el mundo. Fumada tras fumada. Orden…orden…mesa…mesa…No sé… ¡No lo sé! ¿Qué significa esto? Un golpe de realidad en la cara. El anonimato se ha rebelado y prendió la luz para darme cuenta que no era más que un reflejo más. Pésimo. O… ¿no? ¿Podré ser demandante? ¿Puedo existir? Sus ojos me demuestran que existo, que puedo vivir del otro lado, vivir con la libertad de elección. Escoger un camino distinto, bajo su sonrisa, su mirada y sus caricias, rebosante en deseos, colmado de anhelos y atiborrado de opciones que ella y el mundo me ofrecen. ¿Qué digo? Ella es mi mundo, debo decírselo, pedirle que escapemos, dejar de ser sombra, borrar el incógnito. Ser luz, luz color Ella.

¿Remordimiento? ¡Jamás! Yo no hice nada malo y no mentiré por la salvación propia. Igual, ahí no puede ser tan malo. Yo diría que se parece a la mayoría de los trabajos. ¿Trabajos? ¡Qué digo! Sistemas sociales, relaciones, familias, escuelas, todo. Sólo que ahí la cadena es invisible pero más pesada. Agachas la cabeza y sigues, te adaptas. Día a día, te va pesando más. Aquí día con día yo estaré más cerca de la libertad de poder escoger mi propia cadena. Esa es la única libertad que existe.

Regreso a las mesas, dispuesto a tomarla de la mano y salir lo antes posible de ese lugar. Mesa siete, ojos dos, su mano con la mía, vidas juntos. De pronto recordé su orden…Café con leche en quince gramos y un pay de limón con dos y un cuarto de galletas. Mesa siete, sus ojos con los de alguien más, quince gramos, su mano de Martín con la de ella, pie de limón, igual que a mí, dos y un cuarto de…soy una sombra. Me traicionó, mi deseo, mi anhelo, cocina, mesa dos y uno piden la cuenta, cuchillo, mil doscientos pesos el total, sombra bajo sus ojos, mesa siete, cumplir mi propio pedido, una y otra vez, sangre, dos y un cuarto. Pedacitos de metal en la mesa uno y dos. Insignificantes pedacitos de metal.

 

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