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Porque cuando fuimos niños fuimos perfectos

Published On 5 mayo, 2014 | By Renderer | Blogs, El Blog de Lili Berrinches

Pues el Día del niño ya pasó, pero no puedo dejar pasar esa fecha para emitir mis pensamientos y sentires hacia ellos, esas pequeñas cosas de carne que dicen y hacen lo que se les da la gana hasta que un humanoide mete su cuchara y lo arruina todo.

No siempre pensé de esta manera, no siempre me cayeron bien y creo que hasta la fecha no los soporto más que un rato muy escueto. Y es que mi fobia hacia los niños empezó desde que yo tenía como 6 años de edad y ya tenía que cuidar, junto con mi prima de 10 años, a los hijos de mis primos mayores. Por Dios, fue horrible. Porque los pequeños eran infantes siniestros que se la pasaban jodiendo.

Imagínense a dos niñas cuidando a un niño de 2 años y a un bebé de meses. Eso es impensable. Teníamos que soportar sus travesuras y hasta a veces sus groserías. Desde ahí odié a los infantes.

Además me hice a la idea de que apestaban a agrio, a vómito y a talco con caca. Con llantos insoportables, berrinches y privaciones a todas horas.

Tal situación creó, de verdad, una fobia hacia los monstruos, como yo los veía. Durante años no pude ni siquiera tocarlos, ¿cargar a un bebé?, pero ni de broma. Y seguro sentían mi rechazo porque cada que me pedían que cargara a alguno, lloraban sin cesar, así que podía zafarme más fácil de esas bolas de carne lloronas.

Debo agregar que también los veía como una plaga, porque cada vez veía más y más de ellos, que se acababan el agua, la comida y posteriormente nos dejarían de trabajo. ¡¡¡Qué locura la mía!!!

Pero un día, a mi hermano se le ocurrió casarse y tener hijos, todo cambió en ese momento. Cuando me enteré entré en shock, porque él juraba que jamás los tendría y yo como fiel admiradora y seguidora, adopté sus ideales. En ese momento me sentí defraudada. Jajajajaja, el azote a todo lo que da.

Eso mismo hizo que cambiara de parecer y me ablandara ante los críos, que les perdiera el miedo, un miedo absurdo, y que viera lo fantásticos que son, porque en ellos sólo cabe la felicidad, no saben de maldad, esa se les inculca poco a poco. Algo que me parece atroz. Los niños son perfectos, no entiendo a qué vienen a este mundo mugroso. Vienen perfectos y los echamos a perder como nos echaron a perder a nosotros. Sí, no digan que no. Porque por muchos estudios, por mucha terapia, ya traemos costales y costales de ideas, creencias y que si nos damos cuenta de todo eso, buscaremos la manera de deshacernos de ellas, pero si no, viviremos torturados el resto de nuestras vidas.

Hoy por hoy les diría a todos los padres de familia, disfruten a sus críos, no se empeñen en meterles miedos que de por sí la vida solita se los irá dando.

Abrácenlos cuando chillen, tírense al piso para jugar con ellos, déjenlos salir a mojarse bajo la lluvia, que coman cuando tengan hambre, en algún momento del día les dará. Háblenles con la puritita verdad, llénenlos de besos y abrazos, elijan una pared que puedan rayonear juntos, déjenlos saltar en la cama, que se ensucien la ropa, las manos y la cara. Total, tendrán el resto de sus vidas para privarse de hacer tantas cosas.

Y por último, si van a dejarlos todo el día en la guardería o aventarlos con la abuela o la vecina, porque se quieren sentir más mujeres o porque así lo dice la sociedad y tendrán que pasar carencias, mejor no los tengan.

Así suena el Walkman Berrinche (porque no había iPods)

Y como hubiera querido que en mi época de infancia existiera la música de Putumayo Playground, ahora que la tengo la escucho a diestra y siniestra, le comparto un sampler con algunas de mis canciones favoritas de esa maravillosa colección.

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